
Elaboraciones en torno al libro “Futuro No Lineal” de Akop Nazaretián
¿Qué visión tenemos del futuro? Sabemos que estamos en riesgo. Nos parece que la violencia crece en todas partes, y que la conducta de los humanos se va volviendo más individualista, menos compasiva y más indiferente hacia el dolor de los demás. En definitiva, creo que la mayoría opina que las cosas están mal, y que van cada vez peor.
Frente a todo esto, el libro de Akop Nazaretián trae una brisa de aire fresco. Nos demuestra racionalmente, con numerosísimos datos de investigadores científicos independientes, que, al menos hasta el momento actual, el ser humano ha sido capaz de aprender de sus errores, y, cosa extraordinaria, ha sido capaz de vencer cada crisis que se le presentó por medio de un salto impredecible y creativo. Esta notable conclusión que luego veremos en detalle, surge del análisis de la evolución del ser humano, dentro de la evolución de la vida, dentro a su vez de la evolución del Universo, como si todo fuera parte de un mismo plan.
El fundador del Movimiento Humanista – Mario Rodríguez Cobos, más conocido como Silo -, dedicó buena parte de sus escritos y disertaciones a tratar de informar y esclarecer cómo ha sido el proceso evolutivo del ser humano. Para mi sorpresa he encontrado una gran coincidencia entre las explicaciones de Silo y los datos que aporta ese libro. Es como si Nazaretián hubiera venido a aportar mayores precisiones y numerosos datos e informaciones que apoyan muchas de las afirmaciones que Silo hizo acerca de la evolución humana durante sus cincuenta años de prédica al respecto. Por ejemplo, los humanistas siempre hemos hablado de la aceleración del tiempo histórico, pero aquí vamos a ver cuál es la magnitud precisa, cuantitativa, de esa aceleración, y cuales pueden ser las consecuencias de esa aceleración en el momento actual.
La última parte del libro presenta una fantástica conjetura: que la humanidad podría llegar a tomar parte en el desarrollo de los acontecimientos físicos universales. Por ejemplo, podría aprender a manipular la materia oscura con el fin de impedir la expansión ilimitada del universo. Esto, que en principio parece desproporcionado, se puede ver bajo otra luz cuando se comprende que los procesos universales están orientados a producir el desarrollo de la conciencia. Increíble hipótesis, pero creo que es así: el Universo espera el desarrollo de la conciencia.
Como se ve detalladamente en este libro, múltiples evidencias señalan que el proceso evolutivo que nos ha traído hasta aquí, está llegando a su fin. Como resultado y sentido de ese proceso evolutivo, entendemos que debe emerger un nuevo ser humano con otros valores, otra sensibilidad y otro nivel de conciencia. Si tal cosa sucede, pasaremos a otro nivel como humanidad, superando la singularidad de este siglo para emprender un nuevo camino: el camino de las estrellas.
El Universo evoluciona desde lo simple a lo complejo. Partimos hace 15.000 millones de años con una explosión de energía sin forma, para luego sintetizar los primeros átomos de hidrógeno. Más adelante se formaron las estrellas, y a partir de ellas, los elementos mas pesados y complejos. Con la expansión y el tiempo, se formaron los planetas, y allí, la complejidad dió un nuevo salto al aparecer la vida. Pero también los organismos vivos comenzaron a avanzar en complejidad creciente, hasta alcanzar en nuestro planeta y en el momento actual al ser humano. Este no es simplemente un ser natural, sino que es sobre todo un ser social e histórico. El ser humano fue evolucionando en la misma medida en que fue transformando el medio natural. Así surge un ser humano en un mundo humano. Los nuevos ejemplares (humanos) resumen en sí el proceso de millones de años previos, y pueden aceptar o, eventualmente, redireccionar lo recibido. Por eso la complejidad del ser humano avanza aceleradamente, porque no es un ser aislado, sino en continua interacción social. Una interacción que hoy mas que nunca se acrecienta y acelera con las nuevas tecnologías de la comunicación.
Llegamos así al ser más complejo del universo conocido: la Humanidad. Cerca de 8000 millones de componentes (de por si muy complejos) cada vez más interconectados. La Humanidad es un ser sumamente complejo y emergente: un ser no plenamente formado, sino en etapa de integración, en una etapa de complementación creciente. ¿A qué síntesis llegará? ¿Hasta qué nivel llegará su grado de integración? ¿surgirá una Mente humana global, una Mente de otro nivel? ¿Será este un requisito para ser aceptados en el Universo?
La orientación de Silo para todo ser humano individual, también vale para este: la Humanidad necesita despertar y destruir sus contradicciones internas. Necesita eliminar toda forma de violencia y alcanzar la belleza de la Nación Humana Universal.
La Humanidad se apresta para saltar al Cosmos. Ya están dados los primeros pasos. Ahora, es necesario que esta expansión espacial sea acompañada por la expansión de su conciencia. Un nuevo ser humano debe dirigirse a las estrellas. Llevará en sí mismo los esfuerzos, temores, anhelos y esperanzas de miles de millones de semejantes que elevaron su mirada al cielo desde las remotas alboradas de la prehistoria, siempre con la misma pregunta en su conciencia: ¿cuál será el sentido de todo esto?.
Tal vez en alguna etapa de nuestra evolución, el sentido del Todo, el Plan que anima todo lo existente, quede expuesto con claridad ante nuestros ojos. Podremos decir entonces que no lo sabíamos, pero que ahora comprendemos porqué algunos aspectos del mundo que no nos gustan, tienen que ser así. O tal vez imaginemos una forma distinta de hacer las cosas, y tomemos la decisión de cambiar las reglas para empezar todo de nuevo. ¿Podremos siquiera atrevernos a pensar en algo así? ¿Podremos dejar de vernos como hormigas para pensar que podríamos llegar a ser dioses? Si hemos logrado transformar nuestro planeta y somos capaces de evitar su destrucción, y corregir las desprolijidades y excesos cometidos en el proceso, tal vez podamos hacer lo mismo en nuestro medio cósmico inmediato… para comenzar.
A medida que avancemos, se aclarará nuestra visión. Y cuando demos aquel doble salto, hacia las estrellas y hacia la profundidad de nuestro mundo interno, habremos cumplido con la misión que establece nuestro destino. Y una nueva forma de inteligencia se integrará a la conciencia del Cosmos, solicitando tomar parte en el Plan Universal.